Cada 18 de octubre se celebra el Día Mundial de la Menopausia, una jornada impulsada desde 2009 por la Sociedad Internacional de Menopausia (IMS, por sus siglas en inglés) para dar visibilidad a esta etapa de la vida y mejorar la atención que reciben las mujeres en todo el mundo. El tema elegido para 2026 es el dolor crónico en la mediana edad, un problema muy frecuente, muy real y todavía demasiado infravalorado. En educaina ya hemos hablado de los cambios hormonales en la vida de la mujer; hoy nos detenemos en uno de los síntomas que más puede afectar a la calidad de vida durante la transición menopáusica: el dolor que no se va.

El dolor crónico es cosa de mujeres (también)
El dolor crónico, es decir, el que dura meses o reaparece de forma continuada, afecta a más del 30 % de la población mundial. Pero no se reparte por igual: las mujeres tienen entre un 50 % y un 70 % más probabilidades que los hombres de sufrirlo, y son mayoría en las clínicas del dolor de medio mundo. En la mediana edad, alrededor de la mitad de las mujeres convive con algún tipo de dolor crónico, y no pocas veces con varios a la vez.
Los datos de la revisión que la IMS publica este año con motivo del Día Mundial (su White Paper 2026, en la revista científica Climacteric) son llamativos: el dolor musculoesquelético afecta a cerca del 71 % de las mujeres en la perimenopausia, los años previos a la última regla, una proporción significativamente mayor que antes de esta etapa. La fibromialgia, uno de los síndromes de dolor más conocidos, es unas tres veces más frecuente en mujeres que en hombres.
¿Por qué duele más en la menopausia?
No es una casualidad ni está «en la cabeza» de nadie. Durante la perimenopausia y la menopausia, los niveles de estradiol (el principal estrógeno) bajan y fluctúan, y los estrógenos participan en muchos procesos que tienen que ver con el dolor: la forma en que el sistema nervioso procesa las señales dolorosas, la regulación del sueño, el estado de ánimo, la masa muscular, el metabolismo del tejido conectivo y la inflamación.
Los expertos han empezado a hablar de un síndrome musculoesquelético de la menopausia para describir un conjunto de problemas relacionados con el descenso de estrógenos: dolor en las articulaciones, pérdida de masa muscular, descenso de la densidad ósea (con más riesgo de fracturas, algo en lo que también influye la vitamina D), mayor susceptibilidad a lesiones de tendones y ligamentos, hombro congelado (capsulitis adhesiva) y un cartílago más frágil que favorece la artrosis. De la inflamación articular y su manejo ya hablamos en el Día Mundial de la Artritis.
A esto se suma un círculo que se retroalimenta: los sofocos, el insomnio, la fatiga, la niebla mental y los cambios de ánimo propios de la transición menopáusica pueden intensificar la percepción del dolor, y el dolor, a su vez, empeora el sueño y el ánimo. Un estudio estadounidense con mujeres de mediana edad encontró que las que tenían más síntomas de menopausia presentaban casi el doble de probabilidades de sufrir dolor crónico.
Los dolores más habituales en esta etapa
El documento de la IMS repasa los síndromes de dolor crónico que más discapacidad causan en la mediana edad, y muchos se solapan entre sí:
Dolor musculoesquelético. Molestias en cuello, hombros, espalda y articulaciones. El dolor lumbar es uno de los más frecuentes, y las mujeres posmenopáusicas tienen más riesgo de que sea moderado o intenso.
Fibromialgia. Dolor generalizado acompañado de fatiga, sueño no reparador y niebla mental. Sus síntomas se parecen tanto a los de la menopausia que a menudo se potencian mutuamente. No es una enfermedad «imaginaria»: es un problema real en la forma en que el sistema nervioso procesa el dolor, aunque todavía no exista una prueba que la confirme.
Migraña. Los años de la perimenopausia son críticos para la migraña, una de las causas de dolor más incapacitantes, que suele empeorar con las fluctuaciones hormonales de esta etapa.
Dolor pélvico crónico. Incluye problemas como la vulvodinia o el síndrome de vejiga dolorosa, que se entremezclan con los síntomas genitourinarios de la menopausia. Conviene no confundirlos: a veces se tratan como «infecciones de orina de repetición» con antibióticos innecesarios cuando el origen es otro.
Dolor gastrointestinal. Los síntomas del síndrome del intestino irritable son frecuentes durante la transición y tienden a ser más intensos después de la menopausia.
Un problema infradiagnosticado
Con todo lo frecuente que es, el dolor crónico de las mujeres sigue sin recibir la atención que merece. La revisión de la IMS subraya que muchas mujeres tardan años en recibir un diagnóstico, que su dolor se atribuye con facilidad a la edad o al ánimo, y que la asistencia está fragmentada: ginecología, reumatología, neurología y unidades del dolor tratan cada una una parte, sin una visión de conjunto, cuando la realidad es que estos síndromes se solapan y comparten mecanismos.
«El dolor de las mujeres se ha descartado con demasiada frecuencia a través de estereotipos de género y se ha etiquetado como ‘emocional’, en lugar de investigarse y tratarse adecuadamente. El dolor crónico en la mediana edad debe reconocerse como un componente clave de la atención a la menopausia.» — Rossella Nappi, presidenta de la Sociedad Internacional de Menopausia
¿Qué se puede hacer?
El mensaje principal de este Día Mundial es que el dolor crónico en la mediana edad no es algo que haya que aguantar ni una consecuencia inevitable de cumplir años. La IMS pide un abordaje personalizado y multidisciplinar, que tenga en cuenta los factores biológicos, psicológicos y sociales de cada mujer. En la práctica, esto puede incluir:
Hábitos de vida. La actividad física regular y adaptada, cuidar el sueño y mantener un peso saludable influyen de verdad en cómo se procesa el dolor. En el caso del dolor lumbar, por ejemplo, la evidencia apunta a menos reposo y más movimiento con criterio.
Tratamientos hormonales y no hormonales. Dependiendo de cada caso, el médico puede valorar terapia hormonal de la menopausia u otras opciones farmacológicas y no farmacológicas. No hay una solución única: lo importante es individualizar.
Consultar y contarlo bien. Si un dolor lleva meses contigo, reaparece o limita tu vida, merece una valoración. Describir dónde duele, desde cuándo, cómo afecta al sueño y a la rutina ayuda mucho al profesional que te atiende. Y cuidar la salud mental es parte del tratamiento, no un añadido: el ánimo y el dolor viajan juntos.
Queda mucho por investigar sobre cómo interactúan la menopausia y el dolor, y la propia IMS reclama más estudios diseñados pensando en las mujeres. Mientras tanto, reconocer el problema es el primer paso: el dolor crónico en la mediana edad existe, es frecuente y tiene abordaje. Que no te lo quiten con un «es la edad».
Fuentes
- International Menopause Society. World Menopause Day 2026: Chronic Pain at Midlife.
- Mailis A, Ang SB, Di Renna T, et al. Chronic pain at midlife. White Paper de la IMS 2026, Climacteric (2026).




