Casi todo el mundo la tendrá alguna vez: ese dolor entre las últimas costillas y los glúteos que aparece al agacharse, al levantarse o sin motivo claro. El dolor lumbar es la primera causa de discapacidad en el mundo – afectó a 619 millones de personas en 2020, según la OMS – y también una de las condiciones peor tratadas: demasiado reposo, demasiadas pruebas, demasiadas soluciones milagrosas.
En el 90% de los casos, el dolor es inespecífico
La OMS estima que un 90% de los dolores lumbares son inespecíficos: no se atribuyen a una enfermedad concreta u otra causa específica. Duele de verdad, pero no significa que la espalda esté dañada o «descolocada». Por eso las resonancias suelen ser una trampa: en personas sin ningún dolor aparecen con frecuencia discos deshidratados, protrusiones y desgaste, cambios que llegan con la edad como las canas. Encontrarlos en alguien con dolor no demuestra que sean la causa.
La mayoría de los episodios agudos mejora por sí sola en días o semanas. Y hay un pequeño grupo de señales de alarma que sí exige valoración urgente: dolor tras un traumatismo importante, fiebre, pérdida de peso inexplicada, antecedente de cáncer, debilidad en las piernas o pérdida de control de esfínteres.
El reposo, el peor consejo clásico
La indicación tradicional de guardar cama ha envejecido mal: el reposo prolongado debilita, favorece la rigidez y retrasa la recuperación. La evidencia y la guía de la OMS de diciembre de 2023 para el dolor lumbar crónico coinciden en lo básico: mantenerse activo dentro de lo tolerable, ejercicio adaptado, educación sobre el dolor y vuelta prudente a la actividad normal. La serie de The Lancet de 2018 denunció además un exceso mundial de imágenes, infiltraciones y cirugías de escaso valor.
El ejercicio, por cierto, es de las pocas intervenciones con evidencia consistente también en prevención, algo que ya vimos al hablar de actividad física y salud.
La postura perfecta no existe
«Siéntate recto o te cargarás la espalda» es más mito que ciencia. No hay una postura única correcta; lo que molesta a la espalda es mantener cualquier posición demasiado tiempo sin moverse. La mejor postura es la siguiente: cambiar a menudo, levantarse, caminar. Una silla ergonómica ayuda, pero no sustituye el movimiento, y el «núcleo débil» no explica la mayoría de los dolores.
Cuándo y cómo tratarlo
Si el dolor no cede en unas semanas, limita la vida diaria o se repite, la valoración profesional es el camino: descartar causas específicas, pautar ejercicio – el fisioterapeuta ayuda – y manejar los factores que lo mantienen, desde el estrés al sueño. El dolor lumbar no es una sentencia ni una espalda «rota»: es una queja común, molesta y, en la gran mayoría de los casos, manejable con movimiento y paciencia.
Información divulgativa, no una recomendación médica individual. Imagen generada con inteligencia artificial (IA), solo ilustrativa.




