El 26 de julio de 1884 se abrió en Berlín una «Conferencia para discutir la cuestión del cólera». El ponente principal fue Robert Koch, que acababa de volver de Egipto y de la India, donde había buscado la causa de la enfermedad. Defendió que la causaba un bacilo con forma de coma, el vibrión del cólera. En esta entrada de Retrociencia repasamos cómo llegó a esa conclusión y por qué muchos colegas no la aceptaron.

Dos misiones en Egipto

El cólera había causado debates durante más de medio siglo. Unos sostenían que se transmitía de persona a persona, directa o indirectamente. Otros pensaban que era «puramente epidémico», es decir, que dependía de condiciones atmosféricas, climáticas y del suelo, y de residuos insalubres. En cuatro conferencias sanitarias internacionales no se había logrado un acuerdo. En 1874, el cuarto de esos encuentros votó por unanimidad que «el aire ambiente es el principal vehículo del agente generador del cólera».

Según el historiador Norman Howard-Jones, Koch llegó a Alejandría el 24 de agosto de 1883 al frente de una misión alemana. Una misión médica francesa, financiada por su gobierno por iniciativa de Pasteur, llevaba allí nueve días. Los franceses encontraron el mismo bacilo, pero no consiguieron infectar a animales, y su equipo sufrió una tragedia: Louis Thuillier cayó enfermo el 17 de septiembre y murió de cólera dos días después, a los 27 años.

Calcuta y el «bacilo en coma»

La misión alemana salió de Egipto el 13 de noviembre de 1883 y llegó a Calcuta el 11 de diciembre. Koch informó de sus avances en siete partes, y la mayoría se publicó en el boletín oficial alemán mientras ocurrían. En la quinta, del 7 de enero de 1884, anunció que había aislado el bacilo en cultivo puro. En la sexta, del 2 de febrero, dijo que no era recto, sino «un poco curvado, parecido a una coma». Añadió que lo encontraba siempre en enfermos de cólera y nunca en diarreas de otra causa, que aparecía casi puro en las «heces de agua de arroz», y que desaparecía gradualmente en quienes se recuperaban.

Koch reconoció una limitación: había sido imposible reproducir la enfermedad en animales. Según Howard-Jones, con ello renunciaba a uno de los elementos de prueba que él mismo había fijado en su primer informe. Su argumento era que los animales no parecían susceptibles al cólera, y que no se encontraban animales infectados de forma natural ni siquiera en zonas donde el cólera era endémico todo el año. En la última parte, del 4 de marzo, se contaban 40 pacientes estudiados y 52 autopsias. El calor era ya demasiado intenso y decidieron volver.

La conferencia de Berlín

Tras su regreso a Berlín el 2 de mayo, los miembros de la comisión fueron recibidos como héroes. En la conferencia del 26 de julio, Koch expuso el trabajo de la misión. Rudolf Virchow advirtió de que aún faltaba una prueba absoluta de su tesis. Max von Pettenkofer, que llevaba treinta años defendiendo su teoría del «agua del subsuelo», no asistió. Sobre cómo actúa la enfermedad, Koch concluyó entonces que la toxina del cólera, además de actuar sobre el epitelio intestinal, tenía una acción paralizante sobre el sistema cardiovascular, algo que, según Howard-Jones, era erróneo.

La respuesta fue desigual. En Alemania hubo apoyos y rechazos. En Francia predominó la negativa, y una publicación médica escribió que «el gran cazador de microbios ha seguido una pista completamente falsa». La reacción más contundente vino de Gran Bretaña: el 6 de agosto de 1884 una misión británica formada por Emanuel Klein, Heneage Gibbes y un técnico zarpó hacia Calcuta para comprobar los hallazgos de Koch. Su informe rechazó de plano la tesis de Koch y descartó el papel del agua potable.

Un antecedente

El artículo del British Medical Journal recuerda que en 1854 el italiano Filippo Pacini había descrito en Florencia los «miríadi di vibrioni» observados en el cólera y llegó a las mismas conclusiones que Koch por las mismas razones, según el artículo.

Si te interesan otros episodios de historia de la medicina en el blog, puedes leer «Los orígenes de la cuarentena», «Joseph Lister y el ácido carbólico» y «Ronald Ross y el mosquito del paludismo».

Fuentes

  • N. Howard-Jones, «Robert Koch and the cholera vibrio: a centenary», British Medical Journal 1984; 288: 379-381. BMJ.
  • «An Address on Cholera and its Bacillus», British Medical Journal 1884; 2: 453, publicado el 6 de septiembre de 1884. BMJ.