Vacuna de la gripe: por qué cambia cada año y cuánto protege

28/09/2025

Vacuna de la gripe: por qué cambia cada año y cuánto protege

28 de septiembre de 2025

Cada otoño llega puntual la campaña, y cada otoño alguien pregunta: ¿otra vez? La vacuna de la gripe es de las pocas que se repite cada año, y no es por costumbre ni por negocio: es porque el virus no es el mismo que el del año pasado.

Un virus que cambia de traje

Los virus de la gripe que circulan entre personas son los tipos A – los subtipos H1N1 y H3N2 – y B. Su superficie lleva unas proteínas, la hemaglutinina y la neuraminidasa, que son las dianas de nuestros anticuerpos. Y esas proteínas mutan sin descanso: pequeños cambios acumulados, la llamada deriva antigénica, que bastan para que la inmunidad de años anteriores encaje cada vez peor. Las variantes de la gripe cambian con el tiempo; no hay que confundirla con el resfriado común.

La gripe no es un catarro fuerte: la OMS estima alrededor de mil millones de casos anuales en el mundo, de tres a cinco millones de ellos graves, y entre 290.000 y 650.000 muertes respiratorias cada año. El peso mayor lo cargan los mayores de 65, las embarazadas, los niños pequeños y las personas con enfermedades crónicas.

La carrera de cada año

Fabricar una vacuna tarda meses, así que hay que decidir su composición antes de que empiece la temporada. Cada febrero, la OMS reúne la vigilancia de virus de todo el planeta y anuncia qué cepas debe contener la vacuna del hemisferio norte para el otoño siguiente: en febrero de 2025 lo hizo para la campaña 2025-2026. Es una predicción informada, y a veces el virus hace un cambio de última hora que desajusta la apuesta.

¿Cuánto protege?

Menos de lo que quisiéramos y más de lo que se suele creer. La efectividad varía cada año según el acierto de la predicción: para la temporada 2024-2025, las estimaciones provisionales de los CDC la situaban entre un 36% y un 54% frente a consultas médicas en adultos, y entre un 41% y un 55% frente a hospitalización; en niños, hasta un 78% frente a hospitalización en algunas redes. Ni siquiera en los años flojos es nula, y cuando no evita la infección suele suavizarla.

Y un mito persistente: la vacuna no puede provocar la gripe. Las vacunas inyectables usan virus inactivados o fragmentos; el malestar de un día o dos tras la inyección es la respuesta inmunitaria, no la enfermedad.

Para quién y cuándo

Las campañas priorizan a quienes más riesgo tienen: mayores de 60-65 años, embarazadas, personas con enfermedades crónicas o inmunodeprimidas y personal sanitario y de cuidados. Conviene seguir el calendario de la campaña local, para llegar con protección al aumento de circulación del virus. Y una nota de contexto: mientras seguimos de cerca otros virus gripales, como el de la gripe aviar H5N1, la gripe estacional de cada año sigue siendo la que llena los hospitales. La vacuna anual es una herramienta imperfecta que, año tras año, evita muchas camas ocupadas.

Información divulgativa, no una recomendación médica individual. Imagen generada con inteligencia artificial (IA), solo ilustrativa.

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