Pocas sustancias han acumulado tantas promesas como la vitamina D: huesos fuertes, menos infecciones, menos cáncer, menos depresión, corazón protegido. Los análisis de sangre se han disparado y los suplementos se venden como si fueran una póliza de salud. Pero la evidencia cuenta una historia más modesta y más interesante.

La vitamina que fabrica la piel

La vitamina D es especial porque la principal fuente no es la dieta: es la piel, que la sintetiza cuando recibe radiación ultravioleta B. Pocos alimentos la contienen en cantidad: pescados grasos como la sardina o el salmón, yema de huevo y productos enriquecidos. Su papel mejor establecido es la salud ósea: sin ella, el intestino no absorbe bien el calcio, y el déficit grave provoca raquitismo en niños y osteomalacia en adultos.

Asociación no es causalidad

Durante años, decenas de estudios observacionales han relacionado niveles bajos de vitamina D en sangre con más cáncer, más enfermedad cardiovascular, más infecciones y más depresión. El problema es que los niveles bajos también acompañan a otras cosas: salir menos al aire libre, hacer menos ejercicio, tener más peso corporal o estar ya enfermo. La vitamina D baja puede ser marcador de una vida menos sana, no su causa. Y si es marcador, corregirla con pastillas no corrige lo demás.

Lo que dijo el ensayo grande

Para salir de dudas hacían falta ensayos aleatorios grandes. Uno de los grandes fue VITAL, publicado en 2018: 25.871 personas tomaron 2.000 unidades diarias de vitamina D o placebo durante una mediana de 5,3 años. Resultado: la vitamina D no redujo ni la aparición de cáncer invasivo ni los eventos cardiovasculares. Otros ensayos han encontrado beneficios escasos o nulos en la mayoría de las promesas populares, en personas que no partían de un déficit.

La guía que reconoció la incertidumbre

En junio de 2024, la Sociedad de Endocrinología estadounidense publicó su nueva guía sobre vitamina D para prevenir enfermedades, y su mensaje fue notable: la relación beneficio-riesgo de la suplementación masiva no está clara, no se conoce el nivel óptimo en sangre y no recomienda analizar rutinariamente la vitamina D en personas sanas. Sí ve sentido a la suplementación en grupos concretos: niños, mayores de 74 años, embarazadas y personas con prediabetes de alto riesgo.

Cuándo tiene sentido

Nada de esto niega el déficit real, que existe y se trata: personas con muy poca exposición solar, piel oscura viviendo en latitudes altas, ancianos institucionalizados o ciertas enfermedades digestivas. Pero ese diagnóstico y su tratamiento corresponden a un profesional, no al pasillo del supermercado. Es el mismo principio que aplicamos a los antibióticos: muy útiles cuando están indicados, innecesarios – y no inocuos – cuando no lo están. Sol prudente, pescado azul alguna vez por semana y, si hay motivos para sospechar un déficit, consulta. La póliza de salud universal, por ahora, no existe.

Información divulgativa, no una recomendación médica individual. Imagen generada con inteligencia artificial (IA), solo ilustrativa.