El calor no es solo una molestia ni un problema de quemaduras solares. Cuando el cuerpo acumula más energía de la que puede perder, la temperatura interna puede aumentar y comprometer órganos vitales. Entender esa diferencia ayuda a prevenir el agotamiento por calor y a reconocer cuándo estamos ante una urgencia.

Cómo intenta enfriarse el cuerpo

El organismo aumenta el flujo de sangre hacia la piel y produce sudor. Pero lo que enfría no es que la piel esté mojada: es la evaporación. La humedad elevada dificulta ese proceso. El esfuerzo físico, la radiación del sol y algunas prendas también aumentan la carga térmica, como explica la revisión de The Lancet de 2021 sobre los riesgos del calor.

Por eso no existe una cifra de temperatura ambiental que sea segura para todos. Trabajar o hacer deporte con calor puede resultar peligroso incluso sin un récord en el termómetro. También cuentan la duración de la exposición, la humedad, el descanso y la posibilidad real de refrescarse.

No todos partimos del mismo riesgo

El Plan Nacional del Ministerio de Sanidad de 2022 señala la especial vulnerabilidad de personas mayores, menores y quienes tienen enfermedades crónicas o menor autonomía. Algunos tratamientos pueden alterar la respuesta al calor. No significa que haya que suspenderlos: cualquier ajuste corresponde al profesional que los ha indicado.

Una revisión de 2019 sobre personas mayores describe cómo la menor sensación de sed, los cambios en la función renal y ciertos medicamentos pueden favorecer la deshidratación. Vivir solo, tener movilidad limitada o no disponer de una vivienda fresca añade barreras. La prevención necesita apoyo, no solo consejos.

Prevenir exige reducir la exposición

Conviene trasladar las actividades intensas a horas menos calurosas, introducir descansos y buscar sombra o lugares frescos. En el trabajo, no basta con pedir a cada persona que «aguante»: se necesitan agua accesible, pausas, organización de horarios y vigilancia de los síntomas. Las recomendaciones laborales de NIOSH de 2013 incluyen esas medidas y una adaptación gradual al calor.

En casa, limitar la entrada de sol y aprovechar los momentos más frescos ayuda a reducir la carga térmica. Mojar la piel puede facilitar la pérdida de calor. Una revisión de estrategias de enfriamiento de 2021 advierte de que los ventiladores no protegen igual en cualquier situación: su efecto depende del calor, la humedad y la capacidad de sudar. En ambientes extremadamente calientes pueden incluso aumentar la carga térmica. Si una habitación no ofrece alivio, es mejor buscar un lugar más fresco que confiar únicamente en mover el aire.

El Ministerio de Sanidad recomendó en junio de 2022 beber agua y líquidos con frecuencia, aunque no se sienta sed, y prestar especial atención a las personas vulnerables. La hidratación importa, pero beber agua no anula el riesgo de golpe de calor. Tampoco conviene forzarse a ingerir grandes volúmenes: durante ejercicio prolongado, el exceso puede causar una bajada peligrosa del sodio. La guía de la Wilderness Medical Society de 2019 insiste en equilibrar hidratación y enfriamiento. La pauta debe adaptarse si existen enfermedades o restricciones de líquidos indicadas por el médico.

Agotamiento y golpe de calor no son lo mismo

El agotamiento puede causar debilidad, mareo, náuseas y sudoración intensa. Hay que detener la actividad, salir del calor y empezar a enfriarse. Si los síntomas son intensos, empeoran o no mejoran, se necesita atención médica; no es el momento de volver al trabajo o al entrenamiento.

El golpe de calor es una urgencia. La confusión, el comportamiento extraño, las convulsiones o la pérdida de conciencia tras exposición al calor son señales especialmente preocupantes. La piel puede estar seca o puede haber sudor abundante, según NIOSH. Seguir sudando no descarta el problema.

La guía de 2019 indica que no debe retrasarse el enfriamiento por una medición inferior a 40 °C cuando existe sospecha clínica. Un termómetro doméstico no puede ofrecer una garantía de seguridad ante una persona confusa o inconsciente. Además, el golpe de calor puede aparecer con o sin deshidratación: no son sinónimos.

Qué hacer ante una sospecha

En España, llama al 112 y sigue sus indicaciones. Mientras llega ayuda, lleva a la persona a un lugar fresco si es seguro hacerlo, retira prendas innecesarias y moja su piel con agua fresca para empezar a enfriarla. No esperes a que «se le pase» ni retrases la llamada para buscar un termómetro.

No des líquidos por boca a alguien confuso, inconsciente o que no pueda tragar con seguridad. Los antitérmicos no resuelven el golpe de calor: no funciona como la fiebre de una infección. La prioridad es el enfriamiento y la atención urgente. El reportaje de El País del 20 de julio de 2022, con especialistas en urgencias, recuerda la necesidad de enfriar y alertar a emergencias.

La prevención no depende de un único gesto. Como ocurre con la higiene de manos, importan los detalles de uso y el contexto. Y como al analizar la pseudociencia, conviene desconfiar de una promesa simple que elimina de golpe todos los riesgos.

El calor extremo es solo una de las amenazas que se pueden prevenir mejor desde casa. Del resto hablamos en La resiliencia empieza en casa.

Información divulgativa, no sustituye la atención médica. Imagen generada con inteligencia artificial (IA), solo ilustrativa.