«La prueba ha salido positiva» puede sonar a diagnóstico. En un cribado, sin embargo, ese resultado suele ser solo el primer paso: una señal para seguir investigando. Entender qué puede y qué no puede decir una prueba de cribado evita tanto la falsa tranquilidad como la alarma innecesaria.

Cribar no es diagnosticar

Un programa de cribado busca identificar, entre personas aparentemente sanas, a quienes tienen mayor probabilidad de una enfermedad, para ofrecerles pruebas de confirmación y un tratamiento temprano si procede. La guía de la OMS de 2020 sobre programas de cribado insiste en que hace falta evidencia de que el programa mejora resultados, además de garantía de calidad en cada etapa.

Por eso un resultado positivo en cribado no equivale a tener la enfermedad: indica la necesidad de pruebas diagnósticas que confirmen o descarten. Y un resultado negativo tampoco es una garantía absoluta de ausencia.

Una prueba buena puede producir muchos falsos positivos

La sensibilidad (detectar a quienes tienen la enfermedad) y la especificidad (descartar a quienes no la tienen) describen la prueba. Pero lo que más le importa a una persona es otra pregunta: si mi resultado es positivo, ¿qué probabilidad hay de que sea cierto? Esa probabilidad, el valor predictivo, depende de lo frecuente que sea la enfermedad en el grupo examinado.

Un análisis publicado en BMJ en 2011 muestra cómo, con una enfermedad poco frecuente, incluso una prueba con sensibilidad y especificidad altas puede generar más falsos positivos que verdaderos positivos. Es la llamada «paradoja del falso positivo», recordada en BMJ en 2021: no es un fallo del laboratorio, es aritmética de la prevalencia.

Falso positivo y sobrediagnóstico no son lo mismo

Un falso positivo es un resultado de alarma que las pruebas posteriores descartan: no había enfermedad. Aun así, puede causar ansiedad y más pruebas. El sobrediagnóstico es distinto: la prueba encuentra una enfermedad real que nunca habría causado problemas durante la vida de la persona. El National Cancer Institute lo explicaba en septiembre de 2023 a propósito de la mamografía en mujeres mayores: ese diagnóstico puede llevar a tratamientos que no eran necesarios.

Detectar más no siempre significa salvar más

Si se busca más, se encuentra más. Por eso el número de casos detectados no demuestra que un cribado funcione: la pregunta es si reduce muertes o enfermedad grave, algo que se evalúa en ensayos con seguimiento prolongado. La OMS advierte de que en demasiados casos falta esa base de evidencia y se desconocen los posibles daños.

El cribado tiene beneficios cuando está bien indicado y organizado, y también costes: falsos positivos, sobrediagnóstico, pruebas invasivas y tratamientos evitables. Decidir con información significa conocer ambos lados, como ya vimos al hablar de la detección temprana del cáncer de mama.

Qué hacer con un resultado

Con un positivo, el paso es completar el circuito de confirmación que marque el programa, no sacar conclusiones propias ni detener el proceso por miedo. Con un negativo, conviene seguir las recomendaciones de intervalo y acudir igualmente si aparecen síntomas: ninguna prueba lo descarta todo.

Y ante dudas sobre si un cribado concreto conviene a una persona concreta, por edad, antecedentes o situación, la decisión se toma con un profesional que pueda sopesar beneficios y daños. Como explicamos al distinguir tumor y cáncer, las palabras importan: en cribado, «positivo» significa «hay que comprobar», no «diagnóstico cerrado».

Información divulgativa, no una recomendación de cribado individual. Imagen generada con inteligencia artificial (IA), solo ilustrativa.