¿Por qué algunas personas conservan una memoria envidiable a los ochenta o noventa años mientras que otras sufren un declive cognitivo acusado? Durante mucho tiempo, la neurociencia ha intentado descifrar el secreto de la llamada resiliencia cognitiva: la capacidad del cerebro de resistir los embates del paso del tiempo.
Un nuevo estudio publicado en Nature Neuroscience ha identificado una enzima cerebral que parece actuar como un mecanismo de defensa biológico frente al envejecimiento.
Un interruptor genético contra el deterioro
El equipo liderado por el neurocientífico Amar Sahay, del Massachusetts General Hospital (Boston), provocó en ratones una pérdida de conexiones entre neuronas del hipocampo, una región importante para el aprendizaje y la memoria, y buscó qué genes se activaban como respuesta.
Al analizar las células del hipocampo, los investigadores detectaron que un gen en concreto aumentaba su expresión, es decir, se activaba más, cuando se perdían esas conexiones. Se trata del gen Pla2g2f, que contiene las instrucciones para fabricar una fosfolipasa, una enzima que procesa compuestos grasos.
Todo apuntaba a que el cerebro activaba este gen a modo de mecanismo compensatorio para evitar males mayores.
¿Qué ocurre cuando apagamos o potenciamos esta enzima?
Para comprobar su verdadero papel protector, los científicos recurrieron a modelos de laboratorio con ratones divididos en dos escenarios opuestos:
- Ratones sin Pla2g2f en las neuronas del hipocampo: en la mediana edad tenían menos conexiones neuronales, más señales de inflamación y fallaban en una prueba que consistía en recordar dónde estaban unos objetos.
- Ratones con más Pla2g2f: los animales mayores conservaron esa memoria, mientras que sus controles no superaban la prueba. También presentaban más conexiones neuronales y menos señales de inflamación.
Los resultados indican que esta enzima ayuda a mantener las conexiones del hipocampo y favorece la maduración de neuronas nuevas en ratones de mediana edad.
Pistas clave en el cerebro humano: la paradoja del alzhéimer
El gran reto en este tipo de investigaciones suele ser si lo observado en ratones tiene relevancia real en nuestra especie. Al analizar datos de otros laboratorios, el equipo observó que la expresión del gen PLA2G2F también tendía a aumentar con la edad en neuronas humanas, aunque era baja.
Pero el dato más revelador llegó al analizar muestras de tejido cerebral de personas fallecidas que habían participado en seguimientos cognitivos en vida:
Las personas con mayor expresión de PLA2G2F eran precisamente aquellas con perfiles «resilientes»: individuos que mantuvieron sus facultades mentales intactas hasta el final de sus días a pesar de que sus cerebros acumulaban placas de proteína beta-amiloide (uno de los sellos patológicos característicos del alzhéimer).
Esta relación se observó en muestras de cerebros donados. Es una asociación: no demuestra que la enzima sea responsable de conservar la memoria.
¿Qué falta por saber?
El hallazgo ofrece una pista sobre los mecanismos con los que el cerebro intenta protegerse al envejecer. Los experimentos en ratones y células humanas en cultivo abren nuevas preguntas, pero este trabajo no demuestra que aumentar PLA2G2F prevenga o trate la demencia en personas.
Antes de pensar en tratamientos habrá que averiguar si este mecanismo puede aprovecharse de forma eficaz y segura en humanos.
Fuentes:
Vicidomini et al., Nature Neuroscience: https://www.nature.com/articles/s41593-026-02465-z
Asher Mullard, Nature: https://www.nature.com/articles/d41586-026-03303-9
Imagen de portada: corte de hipocampo de ratón, Margaret I. Davis, National Institutes of Health (NIH), dominio público, vía Wikimedia Commons. Imagen ilustrativa, no corresponde al estudio.




