Estornudos en ráfaga, ojos que pican, nariz que gotea sin parar. Cada primavera, millones de personas repiten el mismo ritual. No es un resfriado eterno: es alergia al polen, la reacción de un sistema inmunitario que ha tomado por enemigo algo inofensivo.
Cuando las defensas se equivocan de objetivo
El polen no infecta ni envenena: son granos diminutos que transportan las células reproductoras de las plantas. Pero en las personas alérgicas, el sistema inmunitario fabrica anticuerpos IgE contra proteínas de esos granos, como si fueran una amenaza. En contactos posteriores, esos anticuerpos ordenan a los mastocitos liberar histamina y otros mediadores, y de ahí salen los estornudos, el picor, la mucosidad y la congestión.
La primera exposición no produce síntomas: solo deja al sistema «sensibilizado». Por eso la alergia puede aparecer a cualquier edad, tras años de convivir sin problemas con el mismo polen. La tendencia tiene componente hereditario —los hijos de padres alérgicos tienen más probabilidad—, aunque no se hereda la alergia a una planta concreta, sino la propensión a desarrollarlas.
A diferencia de una infección, aquí no hay ningún invasor que eliminar: todo el daño lo hace la propia respuesta defensiva. Es el mismo tipo de confusión que explicábamos al distinguir infección e inflamación: la inflamación es una herramienta útil que, disparada sin motivo real, se vuelve el problema.
El calendario del polen en España
Las enfermedades alérgicas por pólenes afectan en España a más de ocho millones de personas, según la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC). Unos siete millones reaccionan a las gramíneas, la familia de las hierbas, seguidas por el olivo, la arizónica, el plátano de sombra, la salsola y la parietaria.
Cada planta poliniza en su época: plátano de sombra y cipreses a finales del invierno, gramíneas y olivo en primavera, parietaria en verano. Las lluvias del otoño y del invierno, que llenan de agua los campos, anticipan primaveras con recuentos altos. Por eso la SEAIC, con sus 56 estaciones de medición y los datos de la AEMET, publica cada año previsiones por zonas que permiten saber qué semanas serán las peores.
Temporadas cada vez más largas
El problema crece. Un estudio publicado en PNAS en 2021 analizó 60 estaciones de medición de Norteamérica entre 1990 y 2018 y encontró que la temporada de polen se había alargado unos 20 días y que la concentración de polen en el aire había aumentado alrededor de un 21%. Los modelos climáticos señalan al cambio climático como el motor principal de ese alargamiento: más calor y más CO₂ significan plantas que polinizan antes y producen más.
Convivir con la alergia
La rinitis alérgica afecta a entre el 15% y el 30% de la población según los estudios, y es una de las enfermedades crónicas más frecuentes en niños. El diagnóstico suele ser clínico, apoyado cuando hace falta en pruebas cutáneas o en la medición de IgE específica en sangre, que identifican el polen responsable.
El tratamiento combina tres piezas: reducir la exposición (recuentos de polen, ventanas cerradas en días altos, gafas de sol), medicamentos como los antihistamínicos y los corticoides intranasales, que son la primera línea, y la inmunoterapia —las llamadas «vacunas de la alergia»—, que enseña al sistema inmunitario a tolerar el alérgeno con dosis crecientes. La revisión de referencia de Nature Reviews Disease Primers la describe como el único tratamiento que modifica el curso de la enfermedad, no solo los síntomas.
Como siempre, la elección del tratamiento concreto corresponde a un profesional: el alergólogo es quien puede identificar el polen culpable y decidir si la inmunoterapia tiene sentido en cada caso.
Información divulgativa, no una recomendación médica individual. Imagen generada con inteligencia artificial (IA), solo ilustrativa.




