El ejercicio supervisado puede mejorar algunos aspectos de la capacidad física en personas con insuficiencia cardiaca. Pero valorar un tratamiento exige mirar primero el resultado principal que se fijó antes de empezar. El ensayo Ex-DHF, publicado en Nature Medicine, no logró una mejora estadísticamente significativa en su medida principal tras un año de entrenamiento combinado. Sí encontró diferencias favorables en algunos resultados secundarios.
A quiénes estudiaron
El ensayo incluyó a 322 pacientes con insuficiencia cardiaca con fracción de eyección preservada, clínicamente estables. En esta enfermedad, una fracción de eyección conservada no significa que el corazón funcione sin problemas: pueden existir alteraciones que limitan el esfuerzo y producen síntomas.
Los participantes procedían de once centros de Alemania y Austria. Su edad media era de 70 años y aproximadamente el 60 % eran mujeres. Se asignaron al azar, en grupos iguales, a atención habitual o a un programa de entrenamiento de resistencia aeróbica y fuerza durante doce meses.
El programa tenía sesiones supervisadas y una carga progresiva. La idea era combinar el trabajo aeróbico con ejercicios de fuerza, no probar una recomendación genérica de moverse más. Los pacientes mantenían la atención médica habitual y estaban seleccionados para participar en el ensayo.
El resultado principal fue negativo
La medida principal era una puntuación de Packer modificada. Combinaba muertes, hospitalizaciones potencialmente relacionadas con insuficiencia cardiaca o ejercicio y cambios en capacidad física, síntomas, función diastólica y valoración global del paciente. Clasificaba el estado como mejorado, sin cambios o empeorado.
A los doce meses, el 20,5 % del grupo de ejercicio y el 8,1 % del de atención habitual figuraban como mejorados. Sin embargo, el 42,9 % y el 44,1 %, respectivamente, figuraban como empeorados. El análisis principal de toda esa distribución no mostró una diferencia estadísticamente significativa entre grupos: el valor de p fue de 0,17.
Por tanto, elegir solo el porcentaje de pacientes mejorados daría una imagen incompleta. El ensayo no demostró que el entrenamiento fuera superior en el criterio principal previsto. Otros análisis del resultado compuesto ofrecieron señales favorables, pero no sustituyen ese resultado central.
Diferencias en capacidad de esfuerzo y síntomas
Entre los resultados secundarios, el ejercicio se asoció con una mayor mejora del consumo máximo de oxígeno. La diferencia media entre grupos fue de 1,3 ml por kilogramo y minuto, con un intervalo de confianza del 95 % entre 0,4 y 2,1. Esta medida ayuda a valorar la capacidad de realizar esfuerzo.
También mejoró la clase funcional NYHA, que describe la limitación de la actividad por síntomas. No se encontraron diferencias significativas en otros resultados, como la medida ecográfica E/e’, la valoración global del paciente, el tiempo hasta hospitalización cardiovascular o la mortalidad total.
Estos datos sugieren beneficios en aspectos concretos, no una reducción demostrada de muertes o ingresos. Distinguir entre el resultado principal y los secundarios evita convertir un estudio con resultados mixtos en un éxito general.
Seguimiento y límites
La adherencia fue un reto. De los pacientes del grupo de ejercicio que completaron el seguimiento, menos de la mitad realizó, en promedio, al menos dos sesiones semanales contando las supervisadas y las hechas en casa. Los motivos incluían problemas personales, ortopédicos y otras dificultades clínicas.
No hubo un evento agudo como infarto o ictus directamente relacionado con una sesión. Aun así, hubo hospitalizaciones en ambos grupos, y algunas se clasificaron como potencialmente relacionadas con ejercicio o insuficiencia cardiaca. La supervisión no debe confundirse con ausencia absoluta de riesgos.
El estudio se hizo en pacientes estables, mayoritariamente con limitación funcional moderada y en centros europeos. Sus resultados no se trasladan automáticamente a cualquier persona con insuficiencia cardiaca. El ejercicio necesita adaptación y seguimiento sanitario. Ex-DHF aporta información útil sobre qué puede mejorar, pero también deja claro qué beneficios no logró demostrar.
Fuente
Combined endurance and resistance exercise training in heart failure with preserved ejection fraction: a randomized controlled trial. Nature Medicine, publicado el 2 de enero de 2025. DOI: 10.1038/s41591-024-03342-7.




